Menu

FINAL

_______________

IEMPO

ESCUCHANOS

DANOS EL PAN DE CADA DIA

18 FEV 2019
18 de Fevereiro de 2019

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mateo 6:11)

Vivimos en un mundo lleno de afanes y necesidades que llevan a la mayoría de las personas a doblar su tiempo en cuanto al trabajo y en otros casos hasta el punto de descuidar su familia, incluso exponer a riesgos severos en su salud. Y es que la necesidad de hoy en el mundo entero ante la falta de trabajo y otros hace que las personas tengan que actuar de esta manera. Sabemos que la iglesia también no está libre de ello y hay muchos cristianos que actúan de igual forma que el mundo, afanados, desesperados, hasta angustiados de lograr aquello que desean alcanzar. En algunos casos dicen: “es por necesidad, tengo que criar a mis hijos, estudiar, comer, pagar cuentas, etc.” “¿Esto es malo? ¿Dios se preocupa por mis necesidades? ¿Porque si no trabajo de donde voy a sustentarme y sustentar a mi casa?”

Son preguntas importantes que responder, y Dios tiene respuesta para estas y otras preguntas en relación con la necesidad diaria de cada persona, lo tuvo para su pueblo en el AT y lo tiene hoy para nosotros. Solo que la manera de Dios para suplir nuestras necesidades no siempre es aceptada y valorada por las personas, incluso por sus hijos (los creyentes), pero funcionan, si seguimos sus consejos. Trabajar no es malo, lo malo es, afanarse por las necesidades o por lo que queremos alcanzar. Nuestro salvador dijo:

“…no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” (Mt 6:25).

Aquí Jesús no quiere decir que sea malo suplir para las necesidades físicas del futuro (2Cor12:14; 1Tim 5:8). Lo que sí prohíbe es la ansiedad o la preocupación que demuestra falta de fe en el cuidado y el amor paternal de Dios (Ez 34:12; 1P 5:7). Lea estas palabras de nuestro Señor:

 “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:11-13)

“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:31-34).

Estas palabras contienen la promesa de Dios para todos sus hijos en esta época difícil e insegura. Dios ha prometido la provisión de comida y ropa, y la satisfacción de otras necesidades. No hay por qué preocuparse; si el creyente permite que Dios reine en su vida, es seguro que Él asumirá toda la responsabilidad por esa vida rendida a Él.

¿Cuál es nuestro papel entonces? Jesús mismo nos enseñó, “buscar primero el reino de Dios y su justicia”, y en esa búsqueda, pedir en oración lo que nos enseñó: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Como hijos de Dios debemos aprender a orar por la provisión necesaria basado en cuatro principios:

1.      Debe orar por cualquier petición según la voluntad de Dios y para su gloria (1Cor 10:31; 1Jn 5:14-15).

El propósito principal de la vida del creyente es agradar a Dios y promover su gloria. Por eso lo que no puede hacerse para la gloria de Dios, en honor y gratitud a Él como Señor, Creador y Redentor, no debe hacerse de ninguna manera. Se le honra mediante la obediencia, la gratitud, la confianza, la oración, la fe y la fidelidad. Hacerlo “todo para la gloria de Dios” debe ser la dirección primordial que sigue la vida del creyente, la pauta para su conducta y la prueba por la cual se juzgan sus acciones.

También en las oraciones los creyentes deben someterse a Dios y pedirle que se haga su voluntad en su vida (Jn 14:13). Se conoce la voluntad de Dios en muchos casos porque se revela en la Biblia. En otras ocasiones se aclara sólo cuando se busca con devoción. Una vez que se conoce su voluntad acerca de cualquier asunto, se puede pedir con confianza y fe. Cuando hacen eso, los creyentes saben que Él los oye y que se realizará su plan para ellos.

2.      Debe querer que Dios muestre su amor paternal por él (Mt 6:9, 25-34).

Como Padre, Dios ama y cuida al creyente y recibe su comunión con agrado; por medio de Cristo el creyente tiene acceso al Padre en cualquier momento para adorarlo y expresarle sus necesidades.

Cristo promete que el Padre en el cielo no decepcionará a sus hijos. Él los ama incluso más que un padre terrenal y quiere que le pidan cualquier cosa que necesiten, prometiendo darles lo que es bueno. Él desea ofrecer soluciones a los problemas y pan para la necesidad de cada día. Y, sobre todo, Él da el Espíritu Santo a sus hijos como su “Consolador”, es decir, Consejero y Ayudador (Jn 14:16-18).

3.      Puede pedir cosas para sí mismo sólo después que con fidelidad les haya dado a Dios y a los demás (2Cor 9:6; 8:2)

Los capítulos 8 y 9 encierran los principios y las promesas importantes del ofrendar. El creyente pertenece a Dios, y reconoce que lo que tiene le ha sido dado por el Señor; por lo cual debe tomar la decisión fundamental en el corazón de servir a Dios y no al dinero. Da para ayudar a los necesitados, hacer progresar el reino de Dios, acumular tesoros en el cielo y aprender a temer al Señor; debe dar en proporción con los ingresos; debe ofrendar como prueba de su amor, haciéndolo de manera sacrificada y voluntaria; debe reconocer que al dar a Dios, no solo siembra dinero, sino también fe, tiempo y servicio, cosechando así fe y bendición mayores, debe entender que, cuando Dios suple en abundancia, es para que se multipliquen las buenas obras del creyente; debe reconocer que las ofrendas aumentan la dedicación a Dios y activan la obra de Dios en los asuntos económicos.

Los creyentes pueden dar generosa o escasamente; Dios los recompensará de acuerdo con lo que den (Mt 7:1-2). Pablo no considera el dar como pérdida sino como una forma de ahorrar que produce grandes beneficios a los que dan. No se refiere principalmente a la cantidad que se da sino a la calidad de los deseos y motivos del corazón. La viuda pobre dio poco, pero Dios lo consideró mucho debido a la proporción que dio y su completa dedicación (Lc 21:1-4).

Si no existiesen pobres y ricos, no existiría la posibilidad de que el hombre sea piadoso o cruel, empero ahora, el rico probará por medio de su riqueza si será indiferente ante la necesidad del indigente, o si aplicará su piedad. Asimismo, será probado el pobre si se conforma con lo que posee y agradece a Dios o actúa a la inversa.

Otra prueba constituirá la riqueza para el rico al demostrar si ella lo convierte en soberbio o lo arrastra tras los placeres mundanos, haciéndole abandonar el servicio divino. Y si a pesar de su riqueza continúa siendo humilde, sumiso y rechaza la banalidad y escoge la obediencia a la Palabra de Dios y el servicio a Dios en su obra

4.      La provisión por la que ora debe suplir sus necesidades fundamentales y darle la capacidad para llevar a cabo el servicio cristiano (2Cor 9:8; 1Tim 6:8; Heb 13:5).

Los creyentes deben contentarse con el alimento, la ropa y el alojamiento. Si surgen necesidades económicas especiales, hay que esperar la provisión de Dios mientras se sigue trabajando, sin dejar de ayudar a los necesitados y de servir a Dios en donde nos puso para hacer su obra y con ofrendas generosas. No se debe desear ni afanarse por ser ricos. Una muestra del error que se comete cuando no esperamos la provisión de Dios o nos descontentamos con lo que nos da, es el ejemplo del pueblo de Israel cuando salió de Egipto en su travesía por el desierto. La fe probada por el hambre (la necesidad), Éxodo 16:12–31

 Y Dios le dijo a Moisés:

Ya he oído cómo se quejan los israelitas, pero diles que ahora van a saber quién es su Dios. Por la tarde les daré a comer carne, y por la mañana les daré a comer pan. Y así sucedió. Aquella misma tarde llegaron al campamento tantas codornices que cubrieron todo el suelo. A la mañana siguiente, todo el campamento estaba cubierto con un rocío que, al evaporarse, dejaba en el suelo algo blanco y pequeño, parecido a migajas de pan. Como los israelitas nunca habían visto nada parecido, se preguntaban qué cosa era. Moisés les dijo: «Éste es el pan con que Dios los va a alimentar.  Él ordena que cada uno recoja unos dos kilos por persona. Eso será suficiente para cada uno. Nadie debe recoger más de lo necesario». Los israelitas hicieron lo que Dios había ordenado. Unos recogieron mucho y otros poco;  pero al medirlo, ni le sobró al que recogió mucho, ni le faltó al que recogió poco. Luego Moisés les dijo: «Nadie debe guardar nada para mañana». Sin embargo, algunos israelitas no le hicieron caso y guardaron parte de aquel pan para el día siguiente. ¡Pero el pan que guardaron se llenó de gusanos y olía muy mal! Por eso Moisés se enojó mucho con ellos. Después de esta experiencia, cada uno recogía solamente lo que necesitaba, y lo hacía muy temprano porque con el calor del sol se derretía. El sexto día de la semana, los israelitas salieron a recoger el pan. Pero en vez de recoger dos kilos por persona, como en los días anteriores, recogieron el doble. Alarmados, los jefes de los israelitas fueron a decírselo a Moisés,  pero él les respondió: «Dios ha ordenado que el día de mañana sea un día de descanso, un día para adorarlo. Mañana no se debe trabajar. Por eso Dios les ha dado hoy doble cantidad de comida. Si pensaban hornear o hervir algo mañana, háganlo hoy, y guarden para mañana todo lo que les sobre». Los israelitas obedecieron a Moisés y guardaron para el día siguiente la comida que les sobró. Por la mañana, vieron que el pan no se había llenado de gusanos ni olía mal.  Entonces Moisés les dijo: «Hoy es día de descanso. Es un día dedicado a Dios, y no van a encontrar pan en el suelo. Así que deberán comerse el pan que guardaron ayer.  De ahora en adelante, siempre encontrarán pan en el suelo durante seis días, pero nunca en el día séptimo, porque es el día de descanso». A pesar de lo dicho por Moisés, algunos salieron a recoger pan el día séptimo, pero no encontraron nada.  Entonces Dios le dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo me van a seguir desobedeciendo?  Si el día sexto les doy el doble de pan, es para que descansen el día séptimo. En ese día, nadie debe salir de su casa». Entonces el pueblo descansó el día séptimo.  El pan que recogían era blanco como las semillas del cilantro, y dulce como el pan con miel. Los israelitas lo llamaron «maná».

Este capítulo trata de la provisión del Señor cuando el pueblo se enfrentó al hambre. Antes el Señor los había librado de los egipcios y les había provisto agua para apaciguar la sed. Ahora el pueblo se encaró con otro peligro del desierto: la falta de comestibles. Hacía un mes que habían salido de Egipto (v. 1; 12:17, 18) y se habían terminado las provisiones que llevaron consigo. De acuerdo con el propósito divino, el Señor no había satisfecho las necesidades de antemano, sino que, para probar la fe, les daba conforme a la urgencia del momento oportuno. Su providencia se demostró al cuidarlos y, a la vez, al desarrollar la confianza del pueblo utilizando la situación didácticamente (vv. 4, 5; Sal. 78:22–25; 105:40; Neh. 9:14–17). Al proveer el maná les enseñó que no sólo de pan vivirá el hombre, sino que el hombre vivirá de toda palabra que sale de la boca de Jehovah (Deut. 8:3, 16; ver Juan 6:25–31; Apoc. 2:17). No obstante, cada uno tuvo que confiar en que el Señor le supliera lo necesario, y aprender la importancia de obedecerlo.

La promesa de pan y carne, 16:4–8. Dios respondió a la necesidad legítima y les prometió pan del cielo diariamente (v. 4), y para aquella tarde carne para comer (v. 8). Por medio de la providencia del Señor serían saciados; no obstante, serían puestos a prueba para ver si andaban en la ley divina o no (ver Deut. 8:3). Diariamente saldrían para recoger el pan suficiente para cada persona para aquel día (ver Mat. 6:11); sin embargo, en el sexto día el Señor les ordenó que recogiesen una porción doble (vv. 4, 5). Moisés prometió que el pueblo vería nuevamente la gloria de Jehovah (v. 7) por medio de la milagrosa provisión de alimentos.

 (c) La provisión de codornices y maná, 16:9–22. Moisés hizo acercar de tarde al pueblo a la                       presencia de Jehovah (v. 9), y mientras que les hablaba, miraron hacia el desierto y la gloria de                 Jehovah se apareció en la nube (v. 10; ver 40:34–38; Núm 9:15, 16) y vinieron las codornices y                 cubrieron el campamento. Y al amanecer había una capa de rocío alrededor del campamento (v. 13;         ver Núm. 11:31–33) que dejó una sustancia menuda, escamosa y fina como la escarcha sobre la               tierra. (v. 14). Al verla, los hijos de Israel se preguntaron unos a otros: ¿Qué es esto? (lit. man                   hu’ 4478 v. 15; ver v. 31; Núm. 11:7, 8).

El Señor, al proveer el pan y la carne, revelaba una vez más su gloria. Números 11:31 dice: Entonces de parte de Jehovah salió un viento que trajo codornices desde el mar y las dejó caer junto al campamento, hasta la distancia de un día de camino de este lado y un día de camino del otro lado, hasta la altura de dos codos sobre el suelo.

Las codornices son una especie de perdiz chica del orden de las gallináceas. En el otoño emigran de Europa a África y en la primavera regresan en grandes bandadas. Después de su largo vuelo se posan agotadas y no se mueven. En ese momento son fáciles de capturar.

Aunque se trata probablemente de un fenómeno de la naturaleza, no obstaculiza para que sea un milagro de la providencia divina. Jehová es Señor de la creación, que le obedece. Con todo, en este capítulo se presta más atención a la provisión del maná y al sábado que a las codornices. No comieron codornices todos los días por cuarenta años, sino que esta fue una ocasión excepcional.

Las características del maná:

               1) Llegaba de noche con el rocío (v. 13),

               2) al evaporarse la capa de rocío, quedaba una sustancia menuda, escamosa y fina como la                         escarcha (v. 14),

               3) se echaba a perder rápidamente (v. 20),

               4) se derretía con el calor del sol; debía ser juntado por la mañana temprano (v. 21),

               5) podía ser preparado de diversas maneras (v. 23; Núm. 11:8),

               6) era como semilla de cilantro (v. 31: Núm. 11:7),

               7) era blanco (v. 31),

               8) el sabor era como de galletas con miel (v. 31),

               9) estaba limitado geográficamente a la península de Sinaí (v. 35), y

              10) duró cuarenta años hasta la llegada a Palestina (v. 35; ver Jos. 5:12). Con todo, parece que el                  maná llegó a ser una comida bastante monótona (ver Núm. 11:6), y aunque era suficiente, pronto              el pueblo se cansó de él.

Al igual que Israel, nosotros estamos en una travesía por el desierto que simboliza este mundo, rumbo a la tierra prometida (el cielo), y durante nuestro peregrinaje Dios prometió provisión y sustento. Pero como Israel en la mayoría de las veces, no seguimos las reglas (mandatos) del Señor, sino obedecemos y nos dejamos llevar por nuestras propias reglas.

. Cuantos no murmuramos ante la necesidad y quisimos volver a la esclavitud de Egipto (la esclavitud del pecado). Pero con todo Dios nos proveyó lo que necesitábamos. Aun lo hace, él no cambió, la falla está en nosotros. Miremos más de lo que pasó.

. El pueblo tenía que recoger dos kilos por día del maná, no más; sin embargo, ellos cometieron primero el error de sobrar para el día siguiente, o recoger más de lo debido, o sea el doble. El esfuerzo mínimo que Israel debería realizar para obtener el MANA era solo salir y obtener la ración diaria; porque "El MANA" sirve para suplir lo que necesitamos, mas no todo lo que queremos". Esta fue la estrategia que Dios utilizo, para que el pueblo acostumbrado a depender del poder su fuerza, aprendiera a depender y a confiar plenamente en las promesas de su creador. (Éxodo 16:4); Pero ocurrió que algunos prefirieron tomar todo de una vez para ahorrar trabajo, porque el recolectar el pan diario se les convirtió en una labor que les demandaba demasiado esfuerzo.

Como está ocurriendo actualmente, donde la iglesia de Jesucristo no quiere pagar el precio que implica subir al monte de la presencia de Dios para recoger el pan diario; cómodos, dependientes de las revelaciones que Dios les da a otros, y eso no es que este mal, es saludable aprender de siervos que te inspiren en la fe, pero es mucho más saludable subir al monte por el pan recién horneado como lo hizo Moisés, directamente del proveedor, de la fuente suprema que es Dios.


. Otro problema es que hay quienes tratan de igual manera tener más, al no contentarse de la provisión diaria y se esfuerzan por conseguir más, exponiéndose a trabajar el doble para en el futuro no hacer mucho esfuerzo y vivir con lo juntado; eso es no confiar en la provisión de Dios, es más bien confiar en nuestras fuerzas y sacrificio. Pero vean el resultado a quienes actuaron de esta manera:

-       Todo lo que consiguieron, ¿dónde queda cuando el ladrón mina su casa, o se presenta problemas de salud? ¿No pasa lo mismo que cuando los israelitas desobedeciendo las palabras del Señor recogían más de lo debido, y ese maná demás se pudría y se echaba a perder? ¿Acaso así no se desvanece todo lo que se juntó? Yo vi personas incluso creyentes perderlo todo.

. También hay quienes, en el día de reposo, cuando deberían de estar en el descanso del Señor, prefieren salir en busca del maná, así como el pueblo de Israel. Ellos no podían salir de sus casas, la provisión ya había sido dado el día anterior, pero ya sea por flojera que no recogieron la doble porción o por negligencia el día anterior al Sabbat, salieron por maná en el día de reposo. De igual manera hoy muchos creyentes en el día del Señor cuando no deberían salir a trabajar salen afanados ya sea por necesidad o por tener más de lo que ya tienen, o por confiar que en ese día encontraran mejor venta, mejor negocio, etc. Sin darse cuenta de que no encontraran nada. “Ah, pero yo si conseguí muchas cosas dirá alguien” o habrá quien dirá es verdad en vano hice lo que hice, no conseguí nada”. La verdad es que muchos de nuestros esfuerzos resultan en fracaso por romper principios que Dios nos enseña a través de su Palabra. 

Ahora entendemos lo que Jesús nos enseñó cuando dijo oren así: …”danos el pan nuestro de cada día”. Dijo: “danos el pan nuestro”. Quiere decir que Dios tiene y ya sabe qué darnos, pero ese pan (provisión) es de “cada día”. No necesitamos afanarnos tanto por el mañana, como dijo el Señor:

No vivan pensando en qué van a comer, qué van a beber o qué ropa se van a poner. La vida no consiste solamente en comer, ni Dios creó el cuerpo sólo para que lo vistan. Miren los pajaritos que vuelan por el aire. Ellos no siembran ni cosechan, ni guardan semillas en graneros. Sin embargo, Dios, el Padre que está en el cielo, les da todo lo que necesitan. ¡Y ustedes son más importantes que ellos! ¿Creen ustedes que por preocuparse vivirán un día más?  Aprendan de las flores que están en el campo. Ellas no trabajan para hacerse sus vestidos. Sin embargo, les aseguro que ni el rey Salomón se vistió tan bien como ellas, aunque tuvo muchas riquezas. Si Dios hace tan hermosas a las flores, que viven tan poco tiempo, ¿acaso no hará más por ustedes? ¡Veo que todavía no han aprendido a confiar en Dios! Ya no se preocupen por lo que van a comer, o lo que van a beber, o por la ropa que se van a poner. Sólo los que no conocen a Dios se preocupan por eso. Ustedes tienen como padre a Dios que está en el cielo, y él sabe lo que ustedes necesitan. Lo más importante es que reconozcan a Dios como único rey, y que hagan lo que él les pide. Dios les dará a su tiempo todo lo que necesiten. Así que no se preocupen por lo que pasará mañana. Ya tendrán tiempo para eso. Recuerden que ya tenemos bastante con los problemas de cada día” (Mateo 6:25-34).

Entonces, la petición que se encuentra en el Padre Nuestro nos enseña a venir al Señor con un espíritu humilde dependiente de Él, pidiéndole que supla nuestras necesidades y que nos sostenga diariamente. No se nos da licencia para pedir grandes riquezas, pero se nos anima a hacer conocer nuestras necesidades a Él, confiando en que Él proveerá.

Ptr. MARIO MANCILLA

Tiempo final_________________________________________________________________________

Voltar

IEMPO

FINAL


___________

Tenha também o seu site. É grátis!