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EL SACRIFICIO DE ABEL Ptr. Mario Mancilla

05 JUL 2018
05 de Julho de 2018
Siempre pensé por las enseñanzas que recibí y escuché que la ofrenda de Abel fue aceptada por Dios por ser excelente en el sentido del valor, la mejor oveja (la más gorda). Y el sacrificio de Caín fue rechazado por ser simplemente una ofrenda de los frutos de la tierra. También escuché que Abel fue aceptado porque conocía de Dios que el sacrificio agradable y aceptable era el de un cordero y Caín conociendo eso no hizo como Dios demandaba o le agradaba sino trajo lo que no era aceptable, o sea no cordero sino solo frutos. ¿Pero en realidad era así? ¿no sería injusto Dios dado que Abel era pastor de ovejas, y Caín era labrador? O sea, por el hecho de ser labrador y a pesar de ofrecer lo mejor de sus frutos Dios no lo aceptaría porque Él dice “No, yo no quiero frutos, porque a mí me gusta el sacrificio de sangre (cordero)”. Qué tal si Abel hubiera sido labrador y Caín pastor de ovejas. ¿Será que Dios aceptaba la ofrenda de Abel?

Para comprender del por qué Dios acepto a Abel su sacrificio necesitamos ver la Escritura, el relato se encuentra en Genesis 4.

“Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” (4:1-7).

Veamos ahora lo que dice la traducción actualizada:

El hombre tuvo relaciones sexuales con su mujer Eva, y ella quedó embarazada y tuvo un hijo. Lo llamó Caín porque dijo: «¡Gracias a Dios he tenido un varoncito!» Después volvió a tener otro hijo, que se llamó Abel. Caín se dedicó a cultivar la tierra, mientras que Abel fue pastor de ovejas. Pasó el tiempo, y un día Caín le presentó a Dios una ofrenda de los frutos que cultivaba. Por su parte Abel escogió las primeras crías más gordas de sus ovejas, y se las llevó a Dios como ofrenda. Dios recibió con mucho agrado la ofrenda de Abel, pero no recibió con el mismo gusto la ofrenda de Caín. Esto le molestó mucho a Caín, y en su cara se le veía lo enojado que estaba. Entonces Dios le preguntó a Caín: « ¿Por qué estás tan triste y enojado? Si haces lo correcto, siempre te aceptaré con agrado, pero si haces lo malo, el pecado está listo para atacarte como un león. ¡No te dejes dominar por él!»

Aquí vemos que cada hombre trajo una ofrenda especial a Dios. No se hace mención de altar ni de un lugar de observancia religiosa. El “minháh mina” (ofrenda), tal como lo conocían los antiguos, servía para expresar gratitud, para efectuar reconciliación con el Señor, y para acompañar la adoración. Este relato ilustra el primer acto de adoración registrado de la historia humana. En cada caso el adorador llevaba algo suyo propio como ofrenda y sacrificio al Señor.

La ofrenda traída por Caín no fue recibida por el Señor. No se da razón alguna del rechazo en este pasaje. Las Escrituras no nos dicen cómo Dios indicó su desaprobación. Algunos comentaristas dicen que:

-           Puede que cayera fuego del cielo que consumiera la                          ofrenda aceptada y que dejara la otra (de Caín) intacta.

-           Hay quienes han pensado que la ofrenda de Caín fue                        rechazada debido a que Caín no efectuó el ritual apropiado.

-           Otros han presentado la idea de que es la naturaleza de los              dones lo que hizo que hubiera diferencia, siendo una de las                                                                                                 ofrendas de carne e implicando derramamiento de sangre                                                                                                     (Hebreos 9:22).

Pero en Hebreos 11: 4 el autor nos da la explicación de la diferencia entre las ofrendas:

“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella”.

Esta explicación centra la diferencia en el espíritu manifestado por los dos hombres. Debido a que Abel era un hombre de fe, vino en el espíritu adecuado y presentó una adoración que complació a Dios. Ambas ofrendas expresaban gratitud, acción de gracias y devoción a Dios. Pero Caín carecía de una fe genuina en su corazón, no podía complacer a pesar de que el don material (la ofrenda) fuera de lo mejor. Dios no acepto la ofrenda de Caín debido a que ya había visto y contemplado lo que había en su corazón, él carecía de una fe sinceramente obediente y porque sus acciones fueron malas.

“No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1Juan 3:12).

La ira desatada de Caín se evidenció al instante. Una ira furiosa ardía em su rostro, revelando el espíritu que encerraba dentro de sí, en su corazón. Caín se volvió un enemigo de Dios y hostil a su hermano. Así, el orgullo herido produjo envidia y un espíritu de venganza. Y estos produjeron el odio ardiente y la violencia que hicieron posible el asesinato. 

. Pero Dios en su bondad y misericordia habla a Caín advirtiendo su actitud y tratando de alguna manera de que Caín se de cuenta de lo que esta por cometer debido al pecado y a la maldad a la cual dio lugar.

Entonces Dios le preguntó a Caín: «¿Por qué estás tan triste y enojado? Si haces lo correcto, siempre te aceptaré con agrado, pero si haces lo malo, el pecado está listo para atacarte como un león. ¡No te dejes dominar por él!» (4:6-7).

Ahora, ¿Caín escucho esta advertencia? Vemos que no, porque el hacer el mal era ya común en él, y no le importaba lo que Dios diga o piense, a pesar de que recibió al igual que Abel instrucción de temer y obedecer a Dios.

La maldad en Caín se revela también en el hecho de que Dios en su amor y misericordia, formula una pregunta ¿Dónde está tu hermano? Parece que él quería inducir una confesión que abriera el camino a la misericordia y a un perdón total y pleno. Aunque Caín había pecado al matar a su hermano, se vio perseguido por un Dios amante, rico en gracia, pero lleno él (Caín) en maldad, responde de una manera grosera, vergonzosa y desafiante: ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano? Esa actitud solo revelaba lo que ya había en su corazón, rehusar respetar, amar y obedecer a Dios.

En cambio, Abel vino a Dios con la actitud de corazón adecuada para la adoración. Entonces Dios aceptó el sacrificio de Abel porque Abel era justo, consagrado y obediente (Proverbios 15:8; Mateo 23:35).

. A Dios le agradan las ofrendas y acciones de gracias de los creyentes sólo cuando ellos están esforzándose por llevar una vida recta conforme a la voluntad de Él (Dt 6:1-25). El verso 5 dice:

“Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”.

Dios procura la comunión con su pueblo y le da ese único mandamiento indispensable que los unirá a Él. Por eso:


·            Cuando responden con amor, gratitud y lealtad a Dios por su amor, ellos llegan a conocerlo y a disfrutar de Él en una relación de pacto.

·            Del “primer y grande mandamiento”, junto con el segundo mandamiento de amar al prójimo (Lv 19:18), depende toda la ley y los profetas (Mt 22:37-40).

·            La verdadera obediencia a Dios y a sus mandamientos sólo es posible cuando brota de la fe en Dios y del amor a Él (Dt 7:9; 10:12; 13:3; 19:9; 30:6, 16, 20; Mt 22:39; Jn 14:15; 21:16; 1Jn 4:19).


El nombre y la actitud de Abel figura entre los grandes héroes de la fe, y es que Abel confió en Dios, y por eso le ofreció un sacrificio mejor que el de Caín. Por eso Dios consideró que Abel era justo, y aceptó sus ofrendas. Y aunque Abel ya está muerto, todavía podemos aprender mucho de la confianza que él tuvo en Dios.

Jesús mismo nos dio una lección de cómo debe ser nuestra actitud justa y obediente a Dios al presentar nuestra ofrenda o sacrificio:


“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23-24).


Sí nos acordamos de que nuestro hermano tiene algo contra nosotros, aunque estemos trayendo una ofrenda al altar, es necesario, en primer lugar, reconciliarnos con él antes de que vayamos al templo a adorar a Dios. Nosotros podemos decir: "lo pasado está pisado", pero Dios nos pide reconciliación con nuestro hermano. Luego podremos acudir a Dios para pedir su perdón, sus bendiciones y sobre todo presentarle nuestro sacrificio en ofrenda y adoración. Dios no acepta la adoración de la persona que tiene malicia, celos, amargura, etc. en el corazón.

El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; Mas la oración de los rectos es su gozo.

Isaias 66:1-4 dice:

“Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra. El que sacrifica buey es como si matase a un hombre; el que sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace ofrenda, como si ofreciese sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijese a un ídolo. Y porque escogieron sus propios caminos, y su alma amó sus abominaciones, también yo escogeré para ellos escarnios, y traeré sobre ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oyeron, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que me desagrada”.

Ahora veamos lo que dice en la traducción actualizada:

Dios dijo:

«El cielo es mi trono; sobre la tierra apoyo mis pies. Nadie puede hacerme una casa donde pueda descansar. Yo hice todo lo que existe, y todo me pertenece». Dios continuó diciendo: «Yo miro con bondad a los pobres y afligidos que respetan mi palabra. Pero hay gente que me adora ofreciendo un toro en sacrificio, y después sale y mata a una persona.» Hay gente que me sacrifica una oveja y ofrece a los ídolos un perro. Hay gente que me presenta ofrendas de cereales y luego me ofende ofreciendo a los ídolos sangre de cerdos. Hay gente que me honra con incienso y luego bendice a un ídolo.» Esa gente hace lo que quiere, porque así lo ha decidido; pero también yo decidiré con qué desgracias castigarlos.» Llamé, y nadie me respondió; hablé, y nadie me obedeció; hicieron lo que no me gusta y eligieron lo que no me agrada».                              

Jehová condena el externalismo, o sea una apariencia externa en la adoración. Nuestro Dios todo poderoso no precisa de templos construidos por el hombre para morar en ella, ni de animales sacrificiales para alimentarse. A Dios no lo impresiona el esplendor de ningún edificio que construyan los seres humanos para Él. Oh cuanto orgullo hoy existe en muchos pastores y ministerios que se enaltecen al mostrar cuan grande y esplendoroso es su templo. Aunque hay templos bonitos y haya humildad en los siervos que la construyeron, el Señor no se deleita en esas construcciones, sino Él se deleita en cierta clase de persona: “dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”. Un sacrificio válido es un sello sacramental de la fe. Si no fuera así, el ofrecimiento de sacrificios es tan abominable a Dios como el asesinato, o el ofrecimiento de un animal impuro. Quienes adoran a Dios y al mismo tiempo optan por vivir a la manera de ellos como Caín y no de acuerdo con la Palabra divina, son una abominación para Él. Tales personas recibirán el justo y severo castigo del Señor, así como Caín y muchos otros recibieron. Pero los que son humildes en espíritu, que reconocen su necesidad de la constante ayuda y gracia de Dios y que procuran seguir su palabra con todo su corazón, en ellos es su deleite dice el Señor.

. El sacrificio de sangre dependía de una buena relación. Lo supremo en los sacrificios es la actitud del corazón. Para ser aceptable, el sacrificio debía representar una devoción sincera. Isaías declaró que Dios estaba harto de animales ofrecidos hipócritamente. Es cierto que la santidad de Dios requería sangre para la purificación, pero la meta de su pacto era una relación correcta con su pueblo. David reflejó este entendimiento en el Salmo 51, cuando dijo que el deleite de Dios no estaba en los sacrificios de animales, sino en un corazón contrito y humillado.

La meta de Dios al hacer pactos es una relación correcta, no meras ceremonias y sacrificios. Por lo tanto, los sacrificios sin el sincero de establecer una relación con Dios pervierten el verdadero propósito del sistema de sacrificios, y estos son inaceptables al Señor.

. Dios hizo a su pueblo y nos hace esta pregunta a nosotros hoy:¿Para qué me sirven vuestros sacrificios? (Isaías 1:11) Mas al leer desde el verso 10 hasta el 20, vemos cómo Dios llama a su pueblo al arrepentimiento verdadero.

En un esfuerzo por llevar a Judá al arrepentimiento, Dios permitió que su tierra fuera saqueada por extranjeros (2Cronicas 28:5-18). El pecado del pueblo los había desheredado de la bendición y la protección de Dios, y ya había comenzado el juicio. La tierra y sus pobladores serían finalmente destruidos por Nabucodonosor y su ejército babilónico (605-586 a. C.). El pecado constante de los pecadores no arrepentidos siempre dará origen al juicio de Dios y a la destrucción final. Las ciudades de Sodoma y Gomorra fueron destruidas por completo por causa de su gran pecado (Gn 19:1-25). Isaías compara a Judá con esas ciudades por causa de su gran infidelidad hacia Dios.

Por esa razón Isaías condena al pueblo por participar en injusticias y obras inicuas, mientras continúa llevando ofrendas y sacrificios a Dios y orando y adorándolo como si no pasara nada malo; ¿recuerda a Caín? ¿recuerda las palabras de Jesús, cuando dijo dejar la ofrenda en el altar y reconciliarse con su hermano? Los sacrificios habían sido ordenados por Dios como vía para obtener el perdón de los pecados. Isaías no se esta oponiendo a los sacrificios, la oración, la adoración y las ofrendas; ellas son aceptables al Señor, pero no son aceptables los corazones de quienes se lo entregan; por eso Isaías esta condenando los homenajes formales y el culto vacío por causa de sus pecados. La adoración y la alabanza se convierten en una abominación para Dios si el corazón no está sinceramente dedicado a Él y a sus caminos santos (Jer 7:21-26; Os 6:6; Am 5:21-24; Mi 6:6-8).  

Meditando en estas palabras vemos como hoy no existe ninguna diferencia entre la actitud de Caín y la actitud del pueblo de Israel con el comportamiento de muchos cristianos hoy. Dígame si no hay quienes son aparentes, conocen la Palabra, trabajan en la iglesia presentando de alguna manera la ofrenda de su tiempo y servicio, pero sus obras no son agradables a Dios. Pastores y líderes ministrando palabra, ni qué decir levitas que están en el pulpito ejecutando alabanza a Dios, en donde su dedicación es de alguna manera como una ofrenda de servicio y adoración al Señor, pero ¿cómo está el corazón? Recuerde lo que dijo Jesús: “deja tu ofrenda”, o sea, lo que se hace por Él o se le da a Él es aceptable porque Él nos enseñó a hacerlo, pero nuestra vida debe ser agradable y no solo aceptable de lo que hagamos, Agradable es lo que busca en nosotros Dios, por eso dice que debemos entrar a cuentas y en muchos casos entrar a cuentas con Dios, para que nuestra ofrenda de servicio y adoración, nuestra ofrenda cualquiera que sea, sea de veras no solo aceptable sino sobre todo AGRADABLE. Entonces será un gozo para Él todo lo que hagamos o presentemos, o de lo contrario, el pecado en la vida del creyente hará que Dios no reciba el sacrifico presentado y no atienda a sus oraciones.

“Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos”. (Isaías 1:15)

Dios nos hace este llamado:

“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho” (Isaías 1:16-20).

Dios no quería ni quiere condenar y destruir a su pueblo. Él ofreció perdón absoluto si ellos se arrepentían, quitaban la iniquidad, y se esforzaban por hacer lo bueno y obedecían su palabra. Ahora el perdón de Dios está al alcance de todos los que, aunque hayan pecado, confiesen sus pecados, se arrepientan y acepten la purificación de Dios mediante la sangre de Jesucristo (Lc 24:46-47; 1Jn 1:9). Serán destruidos los que rechazan la misericordia de Dios o en su lugar optan por aferrarse con rebeldía a sus propios caminos.

SACRIFICIOS ACEPTABLES

“Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo[c] para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos” (Is 56:6-7).

“Por eso, hermanos míos, ya que Dios es tan bueno con ustedes, les ruego que dediquen toda su vida a servirle y a hacer todo lo que a él le agrada. Así es como se le debe adorar. Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto” (Ro 12:1-2 TLA).

 “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13:16).

vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1Pedro 2:5).

SACRIFICOS NO ACEPTABLES

Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre” (1Sam 13:9, 13).

“El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; Mas la oración de los rectos es su gozo” (Prov 15:8).

“Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley. ¿Para qué a mí este incienso de Sabá, y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan” (Jer 6:19-20).

“Yo les di muchas enseñanzas, y se las puse por escrito, pero ustedes las despreciaron. Les encanta presentar ofrendas, y luego se comen la carne de los animales que presentan; pero todo eso me disgusta. Yo soy su Dios, y tengo presente sus muchos pecados. Por eso los voy a castigar, y volverán a ser esclavos de Egipto” (Oseas 8:12-13).


MARIO MANCILLA

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